martes, 2 de agosto de 2016

Así viví mi audiencia de apelación


El pasado viernes se llevó a cabo nuestra audiencia en la corte de apelaciones. El juicio se reactiva luego de estar 8 meses ilegalmente paralizado. Nuevamente fue una audiencia militarizada, oculta y secreta; en donde no se respetó el derecho a la publicidad contemplado en la Constitución. Todo esto, una vez más, demuestra el carácter político de nuestro caso.

En una reunión preparatoria para la audiencia que se realizó con los magistrados de la Corte, los ciudadanos Jimai Montiel Calles, Evelin Dayana Mendoza y Nelson Moncada Gómez, las defensas de los cuatro imputados (los tres estudiantes y yo) y representantes de la fiscalía y de la procuraduría, se había acordado el acceso de 15 personas propuestas por parte de la defensa, con la presencia de periodistas, observadores internacionales y ONG lo cual quedó evidenciado cuando los jueces de la Corte de Apelaciones, mediante decisión escrita de fecha 16 de junio de 2016, ordenaron garantizar la asistencia de todos los interesados.

Igualmente se les había participado de la presencia, como integrantes de mi defensa, de los juristas internacionales Alberto Ruiz Gallardón y Javier Cremades, a quienes agradezco profundamente su presencia en Venezuela y haber venido incluso cuando se produjeron dos intentos de celebración de esta audiencia los días 20 de junio y 7 de julio.

Sin embargo, una vez más, los militares decidieron quién entraba y quién no. Una vez más le prohibieron el acceso al Palacio de Justicia a decenas de personas por el simple hecho de pensar distinto al partido del gobierno. Una Vez más los militares decidieron llenar la sala con empleados del Ministerio Público y con personas del llamado “Comité de la Guarimba” a quienes le di la bienvenida, estreché sus manos, defendí su derecho de encontrarse allí y agradecí su presencia, ya que todos somos víctimas de la injusticia en Venezuela. Lamento profundamente que no se hayan quedado hasta el final de la audiencia.

En Venezuela no hay víctimas de un lado ni de otro, todos somos víctimas de un sistema de justicia secuestrado por Nicolás Maduro y su élite gobernante. Esa es la Venezuela que queremos cambiar, nuestra lucha es por restituir el Estado de Derecho. Nuestra lucha, por la que estamos dispuestos a morir, es porque en Venezuela todos los derechos sean para todas las personas, sin exclusión de ningún tipo.

No es posible que en la Venezuela de hoy haya personas presas por pensar distinto. No es posible que en la Venezuela de hoy haya personas presas por soñar con una Mejor Venezuela. No es posible que en la Venezuela de hoy se premie a los delincuentes y se persiga a la disidencia. No es posible que en la Venezuela de hoy se condene a personas por la palabra, por el verbo, mientras que el 98% de los crímenes permanecen impunes. No es posible que en la Venezuela de hoy se detenga, torture, se sigan juicios completamente amañados y se condene a jóvenes para justificar nuestro encarcelamiento injusto; como es el caso de nuestras causas: Ángel González, Christian Holdack y Demian Martin, tres jóvenes de los cuales me siento profundamente orgulloso por su convicción, su compromiso y valentía.

Durante la fase de juicio nunca había podido escuchar sus testimonios. En fase de juicio cuando alguno de los imputados solicitaba el derecho de palabra, los demás teníamos que salir de la sala. El viernes pasado, por primera vez en estos dos años y medio pude escucharlos, y me llenó de emoción escuchar de sus propias voces cómo, a pesar de todos los atropellos que han vivido durante todo este tiempo, siguen esperanzados, llenos de Fuerza y de Fe en que se hará justicia y en que muy pronto tendremos una Venezuela libre y democrática. Esa misma esperanza que los llevó a marchar el 12 de febrero de 2014 sigue en cada uno de ellos intacta. Y es que nuestros jóvenes mantienen intacta su vocación  de cambio pacífica y democrática.

En 2014 cuando emprendimos la lucha por el cambio político en nuestro país, la crisis alimentaria, la escasez, las colas para comprar alimentos, la inflación y la inseguridad no estaban al nivel actual. Lamentablemente hoy vivimos una profunda crisis humanitaria que exige de la organización, la firmeza y la movilización de todo el pueblo para materializar la salida constitucional de este desastre.

Yo asumo, como lo he dicho en reiteradas ocasiones, mi responsabilidad plena de haber denunciado al Estado venezolano como corrupto, ineficiente, antidemocrático y represor; como es mi derecho constitucional hacerlo. Asumo mi plena responsabilidad de haber convocado a la protesta pacífica en los términos que establece la Constitución. Asumo mi responsabilidad de haber convocado a los venezolanos a soñar con una Mejor Venezuela.

Hoy mantenemos intacta nuestra convicción: tenemos el deber político y moral de enfrentar a una dictadura y lo haremos de manera pacífica y democrática, en la calle, con un pueblo firme, organizado y movilizado. ¡La lucha de uno es la lucha de todos!

¡Llénense de Fuerza, de Fe, de optimismo que ya viene La Mejor Venezuela!

lunes, 11 de julio de 2016

A González López

Nuestro pueblo está sufriendo la peor crisis de su historia. No consigue los alimentos ni las medicinas y cuando ocurre el milagro de hacerlo, cada vez menos le alcanza el dinero para comprarlas.

Y es que esta crisis nos golpea a todos, pero golpea con mucho más fuerza a los más indefensos. Nuestros niños se están enfermando y se están desmayando en las escuelas porque no están comiendo bien; niños que lastimosamente han perdido la vida por no contar con los medicamentos para someterse a un tratamiento; niños inocentes que ven su futuro truncado porque son víctimas de un sistema corrupto, ineficiente y antidemocrático que ha llevado a nuestro país a la ruina.

Dada esta situación, hace tres meses le pedí a mi esposa Lilian que en su lucha por llevar por el mundo el mensaje de libertad y justica de los presos políticos, dedicara mucho tiempo también a buscar ayuda internacional para nuestro pueblo que sufre, entre otras tantas cosas, por no encontrar con qué curarse en los hospitales, clínicas y ambulatorios.

El resultado, debo decir con orgullo, ha sido verdaderamente asombroso. Con la ayuda de otros dirigentes y cientos de voluntarios se organizaron grandes colectas de insumos médicos en varias ciudades del mundo. Muchísimas fueron las personas que se volcaron a donar con desprendimiento insumos médicos que sirvan a los venezolanos para sobrellevar de la mejor manera posible esta espantosa crisis.

Con esas importantes donaciones, le pedí  que recorriera el país para llevar ayuda a quienes más lo necesitan. En su camino se levantaron muchas barreras, todas ellas hechas por los mismos responsables de la crisis que nos azota a todos, quienes pareciera no sentirse satisfechos con someter a la miseria al pueblo venezolano sino que también atacan a quienes quieren ayudar: desde alcabalas militares en las vías y autopistas principales para impedir el paso, cancelación de boletos aéreos, hasta ataques de grupos violentos identificados con el gobierno nacional. Nada ha podido detenernos. Y es que ante el dolor de nuestro pueblo que con impotencia llora por no tener con qué curar a un hijo enfermo nosotros no podemos hacer otra cosa que seguir adelante.

Sé que por esto y por las posiciones firmes que he mantenido sobre las condiciones para un diálogo (respeto al revocatorio 2016, apertura del canal humanitario y liberación de los presos políticos), es que ahora la dictadura y sus esbirros han decidido cobardemente atacar de nuevo a mi familia, criminalizar a mi partido Voluntad Popular y recrudecer las condiciones de mi encarcelamiento. No les basta con mantenerme injustamente encarcelado, sino que ahora también pretenden ir en contra de mi familia. Así de grande es el miedo, así de grande es la cobardía de un régimen que va contra hombres, mujeres y niños por igual.


La ceguera de quienes están en el poder, de sus esbirros y derivados como González López y mi carcelero Viloria, no les permite ver la realidad. Señores, ¿después de más dos años teniéndome secuestrado en una cárcel militar no me conocen? No me van a quebrar. Como no han podido quebrar ni postear a este pueblo pese a 17 años de intento. Mantendré  inquebrantable mis convicciones democráticas y mi lucha. No serán ustedes quienes, por estar enfermizamente aferrados al poder, le roben la esperanza a este pueblo que quiere y lucha por un cambio pacífico, constitucional y democrático.


                Leopoldo López
                    Cárcel Militar de Ramo Verde

martes, 1 de marzo de 2016

#CambioYa

Venezolano, el cambio por el que tanto has luchado en todos estos años está en marcha. Terminar de materializar ese cambio que nos deparará un futuro mejor está en nuestras manos, en las manos de la inmensa mayoría que queremos paz, libertad, democracia, bienestar y progreso.

Hoy, la propuesta de un cambio urgente, mediante la salida de este desastre que nos has conducido a la peor crisis económica, social y política de nuestra historia, es una bandera de todos, sin distinción política, económica o social. No es cierto que exista una división entre los venezolanos, como infructuosamente quiere hacerlo ver esta dictadura que tiene sus horas contadas. Lo que existe es una lucha entre todo un pueblo y una pequeña élite corrupta ineficiente y antidemocrática de no más de cien personas, que hace sus últimos desmanes por mantenerse en el poder.

En estos momentos donde toda la Unidad, en absoluta sintonía con el sentir de los venezolanos, debate el mecanismo para encontrar una salida pacífica, democrática y constitucional, nuevamente ratifico ante el país y mis compañeros de lucha el compromiso de apoyar la iniciativa que genere el mayor consenso posible, sea el revocatorio, la reforma, la enmienda, la renuncia o la constituyente. Más allá de las convicciones personales y partidistas sobre determinado mecanismo constitucional, estoy convencido que no es el momento de recelos, ni miramientos, ni cálculos políticos. Ante las mayores injusticias, atropellos y violaciones a los derechos humanos cometidas contra nuestro pueblo es nuestro deber moral, no sólo reaccionar, si no hacerlo todos juntos.

De igual forma, sea cual fuere el mecanismo que definamos por consenso para lograr la salida a este desastre, la unidad debe ir un paso más allá y demostrarle al país que nuestra unión va más allá de un objetivo circunstancial, va más allá de un mecanismo para lograr un cambio, también es una unidad de propósito centrada en la construcción de la Venezuela de los próximos años.

Nuestro país se enfrenta a un largo y difícil camino hacia la recuperación. Decidir dónde empezar será abrumador, cuando todo debe ser abordado a la vez ¿por dónde empezar? Frente a cientos de cosas que deben hacerse con urgencia, en mi criterio algunas que se elevan por encima del resto.

El primer paso es reconstruir la convivencia democrática rescatando las instituciones. Y aquí es clave dejar claro un mensaje a todos los que hoy ocupan puestos de gobierno, pero que no han traspasado los límites del derecho y de la violación de los derechos humanos. Es una convicción de la Unidad construir un sistema donde todas las garantías para hacer oposición sean sagradas y ustedes tengan la posibilidad, por la vía democrática de volver a ser gobierno si vuelven a contar con el favor popular. Quienes han pasado esa frontera no pueden esperar otra cosa que enfrentarse a la justicia y la Unidad debe dejar hasta el último aliento porque esa justicia sea todo lo contrario a aquella que hoy nos persigue, es decir, una justicia imparcial y apegada estrictamente a los principios del derecho. Solo así será posible abrirle las puertas al cambio político, constitucional, democrático y pacífico y cerrarlas a cualquier pretensión de violencia, golpe o arrebato cívico-militar, militar-cívico o puramente militar.

Solo así, sin pensar en absolutos, podremos reconstruir la convivencia democrática que nos permita avanzar y progresar como nación abordando de forma prioritaria la crisis humanitaria que vive nuestro pueblo agobiado por la escasez, en especial de alimentos y medicinas, la inflación más alta de nuestra historia y una inseguridad que le cuesta la vida a más de 25 mil compatriotas por año. Allí están nuestras prioridades, en impulsar una economía diversificada que procure una sociedad más justa e incluyente, segura y soberana y que tenga  como prioridad el fortalecimiento de la producción nacional, para así colocar nuevamente a Venezuela en el lugar que le corresponde en el mundo.
Si se puede Venezuela, si puede y juntos lo vamos a lograr.

¡Fuerza y Fe!

Leopoldo López

Cárcel Militar de Ramo Verde

jueves, 18 de febrero de 2016

A 2 años de mi injusto encarcelamiento

Hoy cumplo 2 años de injusto encarcelamiento. Hace dos años, alzamos nuestra voz e invitamos a los venezolanos a conquistar un cambio pacífico, democrático y constitucional. Estábamos preocupados por la situación del país y, más allá, seguros de que esa situación se agravaría a tal extremo, que el colapso de este modelo equivocado haría pagar a nuestro pueblo la factura de su fracaso. Una factura que hoy la pagamos todos, menos la élite gobernante más corrupta e ineficiente de nuestra historia, la cual ha saqueado y robado las riquezas de los venezolanos.

Quienes emprendimos esta tarea, estábamos convencidos de que había que reaccionar, que había que despertar conciencias y sabíamos que debíamos iniciar una lucha que podía llevarnos un mes, dos meses, un año o dos, pero que si no iniciábamos, ese cambio jamás llegaría.

Hoy cumplo dos años de injusto encarcelamiento, dos años preso físicamente pero libre en mente y espíritu. Sé que pronto voy a salir en libertad y cuando lo haga estaré más fuerte de alma, mente y cuerpo. Saldré fortalecido y sin rencores; el odio y el resentimiento son las reacciones propias de quienes han llevado a nuestro país a esta crisis humana tan severa, y han intentado hacernos, física y espiritualmente, más pobres e infelices. Voy a salir en libertad para seguir luchando por las mismas causas por las que siempre he luchado, y voy a seguir luchando mientras tenga vida, las mismas nobles causas por las que fui encerrado: el bienestar y prosperidad de nuestro pueblo, la defensa de la democracia y la libertad de los venezolanos.

Hoy cumplo dos años de injusto encarcelamiento, pero profundamente esperanzado, porque cuando veo a toda la Unidad Democrática más dispuesta que nunca a concretar este 2016 el cambio que tanto deseamos los venezolanos me digo que ha valido la pena, y que importa poco lo que intente hacer la dictadura porque sus horas están contadas.

Hoy 18 de febrero, nuevamente ratificó a mis compañeros de la Unidad mi compromiso para lograr cuanto antes, el cambio político que el pueblo venezolano pide a gritos. Acordemos desde ya si es el revocatorio, la enmienda, la renuncia o la constituyente. No obstante, sea cual fuere el mecanismo que definamos de consenso para lograr la salida a este desastre, hoy nuestro debate más importante debe estar centrado en la construcción de un gran acuerdo nacional que permita la entrada  a la Venezuela de los próximos 100 años.

Aunque el tiempo es algo que he aprendido a dominar y no me atormenta gracias a que he estrechado mi acercamiento con Dios, sé que voy a salir en libertad para avanzar juntos en ese nuestro sueño de alcanzar la mejor Venezuela, la de la paz, el bienestar y el progreso. Una Venezuela que surja de un gran acuerdo nacional que garantice que todos los derechos sean para todos los venezolanos.

Allí es donde quiero invitar a nuestro pueblo a poner la mirada desde ya. Vean esa Venezuela donde vivamos con dignidad y, en principio, tengamos satisfechas las cosas más básicas de una sociedad. Que tengamos un sistema de salud que cure a los enfermos; un sistema educativo que eduque; una seguridad social que ampare a la población vulnerable; policías, jueces y fiscales que protejan; una economía que produzca alimentos, empleo y bienestar.

Sí se puede Venezuela, y para ello debemos ir más allá de tomar unas medidas o formular unas políticas públicas que le pongan paños calientes a los problemas. Debemos cambiar un modelo que fracasó y Reconstruir la Convivencia Democrática, Impulsar una Economía y una Sociedad  más Justa e Incluyente, Segura y Soberana   que permitan acabar con la escasez, la inflación y el desempleo, y que tenga  como prioridad el fortalecimiento de la producción nacional y así Colocar nuevamente a Venezuela en el lugar que le corresponde en el mundo.

Sí se puede Venezuela, sí se puede y juntos lo vamos a lograr.

Fuerza y Fe
Leopoldo López
Cárcel Militar de Ramo Verde




martes, 12 de enero de 2016

La cobardía de Diosdado Cabello

La madrugada del domingo 16 de febrero, dos días antes de mi presentación ante la justicia injusta, allanaron mi casa y la de mis padres, donde estaban mis dos hijos y Lilian, mi esposa. Ese día se presentó Diosdado Cabello ante mi familia, quién llegó con un plan que sólo puedo calificar de cobarde como su autor: Nicolás Maduro. Ese plan no era otro que aprovechar los temores de mi familia sobre la situación en la que me encontraba para manipularla y así convencerla de que lo mejor era que me fuera del país.

Todo empezó con la llegada, minutos antes, de 20 hombres vestidos de negro, con capuchas, armas largas y una orden de captura por terrorismo y homicidio.  Luego de requisar la casa e intimidar a mi familia les informaron que el presidente de la Asamblea Nacional estaba en camino y que quería hablar con ellos.

Al llegar, lo primero que dijo fue que lo mejor para todos era que yo me fuera del país, y que incluso, si yo accedía y aceptaba su oferta, él "amablemente" podía ayudar con las gestiones necesarias para tal fin. Lo que no sabía Cabello es que ese mismo día más temprano yo le había hecho llegar mi decisión a mi familia a través de la única persona con quien me reuní durante mi clandestinidad: Carlos Vecchio.

Mi familia, en medio de muchísima tensión, ya albergaba el temor de que a mí me pudiera pasar algo y le había pedido a Carlos que por favor me tratara de convencer para que pensara bien la opción de salir del país. Yo escuché ese mensaje y confieso que como hijo, padre y esposo que soy, lo entendí, porque no es fácil ver a un ser querido en una situación de peligro, y mucho menos sabiendo de lo que son capaces de hacer los miembros de la élite corrupta de la dictadura. Sin embargo, le pedí a Carlos que les comunicara a todos la decisión firme que había tomado: le iba a dar la cara a la dictadura y me presentaría voluntariamente ante una justicia injusta, y eso lo haría el martes 18 de febrero. Fue oportuno y clave que ese mensaje les haya llegado a todos antes, puesto que por ellos saber de antemano cuál era mi decisión le pudieron dejar muy claro a Cabello que yo nunca me iría de Venezuela.

Ante la negativa de la salida del país, Cabello propuso una segunda opción: que yo pidiera asilo y me encerrara en alguna embajada, aclarando que era algo en lo que él también estaba dispuesto a "ayudar" haciendo las gestiones necesarias. La respuesta fue la misma: No.

Me cuentan mis padres y Lilian que la "reunión" fue cordial dentro de lo que cabe decir en un momento de extrema tensión e intimidación como ese. Me cuentan incluso que ante la insistencia de Lilian de que me estaban persiguiendo injustamente, Cabello les reconoció que yo era inocente y que esto era una medida política. Dijo que les tomó por sorpresa nuestro llamado a la calle, sobre todo luego de los resultados de las elecciones municipales donde Voluntad Popular había salido como el partido de la Unidad con el mayor número de alcaldías, de las cuales la inmensa mayoría las ganamos en lugares donde siempre había ganado el PSUV (incluyendo el Municipio Maturín, capital del Estado Monagas, segundo estado en importancia por su capacidad de producción petrolera y casualmente estado natal de Cabello y de donde fue electo como diputado). Esa primera reunión terminó sin ningún acuerdo por una simple y llana razón: no había nada que acordar.

El mismo domingo 16 de febrero, desde la clandestinidad, grabé un video para pedirle al pueblo de Caracas que por favor me acompañara el día martes 18 de febrero en mi presentación ante la justicia injusta. La respuesta del gobierno no se hizo esperar. Esa misma noche, en cadena nacional, Nicolás Maduro volvió a arremeter en mi contra, llamándome terrorista y asesino, y reiterando que la fuerza pública estaba desplegada buscándome. En esa cadena también asomó por primera vez la tesis de que había sectores interesados en asesinarme.

La madrugada del martes 18, Maduro y Cabello, en vista de no haber logrado que me fuera del país ni que me encerrara en una embajada, y faltando ya pocas horas para mi presentación, decidieron aumentar el nivel de presión sobre mi familia. Cabello se volvió a comunicar con Lilian pidiendo otra “reunión”. Nuevamente fue a la casa de mis padres y en esa oportunidad el planteamiento fue otro, el más cobarde de todos. Decía tener información que comprobaba que me iban a asesinar si me presentaba en público: la derecha fascista lo quiere matar y los colectivos también, y es muy difícil controlar a estos últimos”. Su propuesta fue que, ya que yo había decidido presentarme, que lo hiciera en un lugar “controlado”, sin gente, a excepción de algunos testigos, pero que no lo hiciera en la manifestación porque me iban a matar. “La gente de la derecha va a aprovechar el acto de presentación de Leopoldo para cometer un atentado contra de su vida. Mi recomendación es que se entregue en privado”.

Cómo es lógico un planteamiento de ese calibre expuesto por alguien como Diosdado Cabello tuvo un fuerte impacto sobre mi familia. Desde las 3 de la madrugada Lilian muy angustiada me pedía que no me presentara, que pensara en nuestros pequeños hijos. Lo mismo me pedían mis padres. La angustia de ellos era más que comprensible. Ya la amenaza había escalado a lo más alto que podía escalar, la muerte. Mi madre me dijo: "Leo, piensa en Lilian. Piensa en Manuela y en Leopoldo, tus hijos. Piensa en lo que significa que te estás entregando a una justicia injusta y que no sabemos cuánto tiempo vas a estar en esto". Lilian y mis padres me insistieron hasta el último minuto y yo, aunque no podía dejar de pensar en ellos ni un solo segundo, siempre me negué a no presentarme. Ya la convocatoria estaba hecha y estaba comprometido con la gente. Ya yo había tomado una decisión que aún hoy mantengo que es la correcta: jamás me iría de Venezuela e iba enfrentar en todos los terrenos, en todos, y en especial en el terreno moral, a la dictadura. La clandestinidad y el exilio no eran opciones posibles porque de esa forma yo iba a quedar prisionero de mi alma.

Ese martes, a las 4 de la madrugada, salí de la casa en donde estuve en clandestinidad hacia Caracas. A las 11 de la mañana me presenté ante una justicia injusta y luego de eso fui trasladado a La Carlota, donde a los pocos minutos llegó Diosdado Cabello*.

Llegamos al hangar de la Guardia Nacional y desde allí se podía ver el gentío tomando las puertas de entrada del aeropuerto. La última vez que había hablado con Cabello fue en el año 2007 cuando él era gobernador de Miranda y yo alcalde del municipio Chacao. Para ese entonces yo había escrito un plan de seguridad ciudadana que se llamaba ‘Plan 180’, que planteaba una propuesta integral para abordar el tema de la inseguridad en Venezuela. Eso lo comencé a escribir, valga el paréntesis, luego de que un compañero de trabajo fuera asesinado en una emboscada que nos hicieron. Su nombre era Carlos Mendoza. Fue asesinado y murió en mis brazos, y como yo no le podía ofrecer nada a su familia para calmar por completo su dolor, me comprometí a elaborar una propuesta para abordar el tema de la inseguridad en el país y evitar que otras familias pasaran por el mismo trauma. Ese plan se lo envié a Cabello y a todas las autoridades nacionales y regionales, porque el resguardo de la vida de los venezolanos así lo pedía, y desde entonces no había vuelto a hablar con él.

Al verlo le pregunté inmediatamente que cómo era eso de que había un plan para matarme. Me dijo que sí, que tenía las pruebas y que había varias grabaciones. Al día de hoy esas pruebas no han sido presentadas y no se conocen porque seguramente no existen. Luego me dijo "Bueno, ¿qué hacemos?". Yo le contesté "¿Cómo que ‘qué hacemos’? Ustedes son los que me tienen preso". Ante eso me dijo “la única manera de salir es en helicóptero. El plan es que van a salir 3 helicópteros, nosotros nos vamos en uno hasta Fuerte Tiuna y de allí a tribunales”. Yo accedí con la condición de que le permitieran a mi abogado y a mi familia venir con nosotros también, ya que me vino a la mente el momento cuando el dictador Marcos Pérez Jiménez llamó a Jóvito Villalba para “conversar” luego del fraude del 52, lo que terminó resultando en su exilio forzado. Temía que me pudiesen montar en un helicóptero y sacarme de Venezuela como había sido la "sugerencia" de Cabello.

Pese a la situación en la que me encontraba debo admitir que el vuelo en helicóptero me distrajo por unos segundos, ya que me permitió ver a nuestra hermosa Caracas desde el aire. Me llenó de mucha fuerza y fe ver el mar de pueblo que se derramaba en las calles. La última vez que había volado en helicóptero fue con Iván Simonovis, hoy también preso político, cuando él era Secretario de Seguridad Metropolitana y yo alcalde de Chacao.

Llegamos a Fuerte Tiuna y de allí a los tribunales en una camioneta manejada por el propio Diosdado Cabello. Se había convertido en el ejecutor de mi detención. Logramos conversar durante ese trayecto sobre la situación del país. Le dije que con los jóvenes detenidos en Táchira y Nueva Esparta se estaba cometiendo una tremenda injusticia y que debían ser liberados porque eran inocentes. Confesó mucha preocupación por la situación económica y entre líneas hizo críticas duras a los que llamó "los genios que están manejando la economía que siempre tienen respuestas para todo, pero la situación es crítica".

Al llegar a los tribunales tuvimos que esperar en el carro porque no estaba listo el tribunal, ni el acta policial, ni la acusación de la fiscalía. Pude presenciar como Cabello llamaba directamente a la presidenta del TSJ y a la fiscal para preguntarles, incluso en tono de dictar órdenes, por qué no estaba listo mi caso. Le pregunté que qué pasaba y me dijo "es que nadie pensaba que te ibas a presentar y no tenían nada listo", y yo pensé “claro, ustedes creían que yo me iba del país”. Subimos a tribunales y me dijo "es primera vez que piso este edificio", y yo de nuevo pensé “pero no la primera vez que llamas a un magistrado, a la fiscal y a la presidenta del TSJ para preguntar ‘cómo van las cosas’”.

Esa noche, luego de un primer encuentro con la juez 16 de control, se ordenó mi privativa de libertad en Ramo Verde, a donde me trasladaron en una caravana de motos y camionetas. En la camioneta donde yo iba estaban el general Álvarez Dalls, director del DIM, y el general Noguera, comandante de la Guardia Nacional. La manejaba, por supuesto, el multifacético Diosdado Cabello, quien ese día fungió de policía, fiscal, juez, alguacil, custodio y hasta de chofer.

Escucha la narración hecha por Leopoldo sobre estos hechos el día final del juicio en el siguiente audio inédito:



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*La travesía por la que la que pasó Leopoldo para llegar hasta Chacaíto, lugar donde lo esperaban miles de personas para acompañarlo en su  presentación, fue descrita en la nota titulada “El día que llegué a RamoVerde"

martes, 15 de diciembre de 2015

Venezuela después del 6D (*)

(*) Este es un anticipo de la entrevista exclusiva concedida por Leopoldo López a Edgar López del diario El Nacional, cuyo contenido completo se publicará el domingo 20 de diciembre en los diez periódicos que integran el Grupo de Diarios América, que este año escogió al líder opositor venezolano como Personaje Latinoamericano de 2015.

Ese día, luego de dos semanas exigiendo mi derecho a votar, pude hacerlo en horas de la tarde. Pese al aislamiento al que estoy sometido pude enterarme esa misma noche de los resultados y no pudo ser de mejor manera. Estaba en mi celda cuando de pronto escucho a cientos de personas que viven en el sector que está al lado de la cárcel gritando "sí se puede, sí se puede", y me sorprendió mucho cuando, en medio de la celebración, escuché "Leopoldo, amigo, el pueblo está contigo". Quienes gritaban sabían que iba a escucharlos y que de esa forma me iba a enterar de lo que había sucedido. Lo primero que me vino a la mente fueron las poderosas palabras de arranque de nuestro himno: ¡Gloria al bravo pueblo! y no pude contener la enorme emoción, muy parecida a la que tuve el día que recibí la noticia de que se había fijado la fecha de la elección parlamentaria luego de que, junto a mi hermano Daniel Ceballos y más de 100 jóvenes en todo el país, hicimos una huelga de hambre de casi 30 días para exigirla. Por eso, como pude en medio de la oscuridad, me subí a la ventada de mi celda para tratar de ver a los que estaban afuera celebrando y así gritarles algo. Al principio la neblina no me dejó ver mucho, pero poco a poco se fue disipando y pude ver a la gente feliz celebrando la victoria.

Esa noche me acosté más comprometido que nunca con la lucha democrática, porque al ver y escuchar a un pueblo gritar consignas a escasos metros de una cárcel militar que se ha convertido en uno de los símbolos de la dictadura sin ningún miedo a represalias, me dije: ha valido la pena, vale la pena cualquier sacrificio por la libertad de nuestro pueblo. Pensé en el sufrimiento que han tenido que pasar los venezolanos por culpa de un modelo equivocado, importado, que no se parece en nada a nosotros y que ha tratado de ser impuesto por la fuerza y reflexioné mucho acerca de los venezolanos que en el pasado confiaron en ese proyecto y, defraudados, ahora apuestan por un cambio. Es una obligación de la toda la Unidad comunicarles y hacerlos sentir que ese triunfo es de ellos, para ellos y por ellos.

Al día siguiente ya pude enterarme por medio de mi abogado, de los detalles y de la magnitud de la victoria. Antes de las elecciones habíamos dicho que en esta oportunidad sí ocurriría un plebiscito, no entre opositores y oficialistas, no. Un plebiscito entre todo un pueblo unido y una élite corrupta, ineficiente y antidemocrática encabezada por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello. Y vaya que fue así y el domingo los venezolanos escribimos un nuevo capítulo glorioso en nuestra historia al doblegar a una dictadura a través de los votos.

El pueblo, consciente de toda su fuerza, se expresó por el cambio de forma arrolladora y no solo votó, si no que defendió su voto hasta el final. Los venezolanos le pusimos la  mano en el pecho a una élite que ha buscado hacernos creer que un país distinto no es posible y demostramos que sí se puede.

Antes del 6 de diciembre pude enviar una carta donde mencionaba que ganar la Asamblea Nacional era  un objetivo fundamental en el camino por conquistar la democracia y construir La Mejor Venezuela, pero que los venezolanos sabíamos que ese era solo un primer paso. Uno que sin duda que nos obliga, desde la Unidad, a una mayor responsabilidad para estar a la altura de todas las esperanzas y expectativas de nuestro pueblo.

CARTA DE LEOPOLDO LÓPEZ:



Haber ganado representa la conquista para la lucha democrática de una institución fundamental y representa un debilitamiento de la dictadura, en la búsqueda de su quiebre definitivo. Pero también queda claro que para que Venezuela cambie definitivamente debemos recuperar todas las instituciones. Hoy el TSJ nombrado inconstitucionalmente y que se pretende "renovar" entre gallos y madrugadas para incorporar más incondicionales al régimen antes de que se instale la nueva Asamblea, sigue secuestrado, imposibilitando que haya verdadera justicia en Venezuela. El Defensor del Pueblo solo defiende a la dictadura. La Fiscal General de la República protege a los poderosos y en Venezuela las víctimas que se atreven a denunciar son los que terminan acusados y encarcelados. La Contraloría General de la República solo funciona en épocas electorales para inhabilitar a todo el que piensa distinto, mientras de forma cómplice observa el mayor robo y saqueo que se ha hecho al pueblo venezolano en su historia. El CNE nuevamente jugó un triste papel en este proceso electoral, permitiendo la campaña más abusiva de la historia y extendió de manera ilegal la votación el domingo en un acto desesperado de la dictadura.

Con la victoria popular del domingo hoy la dictadura está debilitada, sí, pero aún mantiene secuestrados a los otros poderes del Estado y como ya anunció Maduro los usará para desconocer la voluntad expresada por el pueblo. Estoy seguro que nuestros diputados de la Unidad se mantendrán firmes y harán respetar la voluntad popular y que debemos manejar la victoria con humildad y serenidad, pero al ver la reacción que ha tenido Nicolás Maduro y Diosdado Cabello frente al triunfo democrático queda aún más claro que no podemos detenernos ni un instante en conseguir el cambio definitivo que tanto demanda nuestro pueblo. La dictadura está debilitada, sí, pero aún vivimos en ella y nuestro pueblo votó para cambiar un sistema que lo oprime, que lo humilla y que imposibilita que pueda encontrar las soluciones a sus problemas más sentidos. La dictadura está debilitada y es nuestro deber no darle respiro. Si Maduro y el resto de las cabezas de los poderes secuestrados por una élite corrupta y antidemocrática torpedean el cambio, pues hay que cambiarlos. 

Estoy convencido que la nueva Asamblea Nacional no sólo tiene como tarea dictar leyes democráticas, sino que tiene un compromiso histórico de impulsar el cambio político que tanto anhela nuestro pueblo. Estamos obligados a impulsar al mismo tiempo el cambio político, el reimpulso económico y una nueva agenda social para todos los venezolanos, no hay duda, pero es una realidad y hay que ser responsable con nuestro pueblo hablándole con la verdad, que no habrá solución a los problemas que sufrimos sin que antes hayamos podido lograr el cambio político de la cúpula corrupta que hoy usurpa el poder. No es posible reactivar la producción nacional y por tanto vencer la escasez y la inflación, dos grandes sufrimientos de nuestro pueblo, mientras continúe en el poder un régimen que culpa de su derrota a una ficticia “guerra económica”. No es posible solucionar la inseguridad mientras continúe en el poder una dictadura, que no es solo cómplice de la delincuencia, sino que mantiene secuestrado el poder judicial y por tanto la esperanza de que exista justicia y no reine la impunidad.

Desde el 2014 hemos sostenido que hay que salir por la vía constitucional de este desastre lo más pronto posible. Frente a las inmensas injusticias que hoy sufre el pueblo venezolano, no hay espacio para el cálculo político ni para las conveniencias personales. Ante las injusticias, los atropellos y las violaciones a los derechos se reacciona. A las injusticias se les combate. A las injusticias se les planta la cara con decisión, sin miramientos ni recelos. Yo he decidió enfrentar a esta dictadura en todos los terrenos, tanto en la calle protestando legítimamente, en lo electoral  y en lo moral y estoy convencido de que vale la pena.

Se trata de reaccionar frente a la urgencia; la situación del país, la destrucción del país, el sufrimiento de nuestro pueblo, lo amerita. Venezuela se cae a pedazos ante nuestros ojos. ¿Cómo le decimos a los venezolanos que viven angustiados de salir a las calles y con el temor de perder sus vidas, que debemos esperar hasta el año 2019 para cambiar este sistema? ¿Qué le decimos a los venezolanos que hacen colas todos los días y cuya situación económica empeora al mismo tiempo?

Como hemos dicho desde en el pasado, allí están los mecanismos constitucionales. Ratifico el compromiso con mis compañeros de la Unidad para que tal como acordamos en julio de 2015, demos una discusión profunda sobre cual mecanismo activar para lograr el cambio político, si es el revocatorio, la enmienda, la renuncia o la constituyente.

La dictadura está debilitada, sí, pero seguimos viviendo en ella; la dictadura está debilitada y es deber de los demócratas no darle respiro. Unidos lo lograremos. ¡Fuerza y Fe!



domingo, 22 de noviembre de 2015

El día que llegué a Ramo Verde




Me presenté ante una justicia injusta.

Fui encerrado en la prisión de Ramo Verde el 18 de febrero a las once y media de la noche. Ese día me había despertado a las tres de la mañana. A las 4 am salí escondido en la maleta de un carro desde mi sitio de clandestinidad, pasé 45 minutos hasta llegar a Caracas. Durante esos 45 minutos que parecieron horas, no dejé de pensar en las víctimas del secuestro que son sometidas y trasladadas de esa forma. Estaba sensibilizado con el tema puesto que días antes habían secuestrado y asesinado al hermano de un buen amigo mío. Pensé en mi familia, en mis hijos y sobre todo pensé dónde iba a terminar ese 18 de Febrero.

Mi presentación la tenía planeada para las once, justo en medio de una concentración convocada por ese motivo. Llevaba seis días en clandestinidad y Nicolás Maduro había anunciado el despliegue de todas las fuerzas públicas en búsqueda “del terrorista Leopoldo López”. Me buscaban con afán, allanaron mi casa, la de mis padres, la sede de Voluntad Popular y, fusiles en mano, detuvieron a varios compañeros que encontraron en ella. 

Logré llegar a la concentración en moto. Fueron minutos tensos, tuve que pasar por un punto de control de la Guardia Nacional y pude hacerlo porque no me quité el casco integral. Al llegar hasta donde estaba la multitud sabía que ya no me podrían detener, fue entonces cuando me quité el casco. Caminamos hacia la plaza Brión. No había ninguna tarima ni sonido. Solo había gente, muchísima gente, mucha más de la que podía haberme imaginado, todos de blanco, en alusión a la paz, como habíamos pedido en la convocatoria (hecha mediante video grabado en mi corta clandestinidad). El llamado se había hecho por las redes sociales, de manera artesanal. Nunca voy a olvidar la inmensa solidaridad y el cariño que me trasmitió ese día el pueblo de Caracas, pueblo por el que, sin dudarlo ni un segundo, haría mil veces el mismo sacrificio.

Al llegar al final de la concentración decidí subirme a la estatua de José Martí que, como recordatorio curioso, había sido remodelada durante mi gestión como alcalde de Chacao. Desde allí dije unas cortas palabras con la ayuda de un megáfono. Expliqué que me sometía a las autoridades del régimen porque no había cometido ningún delito y porque para mí no era una opción irme del país ni esconderme y jugar a la clandestinidad como seguramente quería el Gobierno. Estas fueron mis palabras, son la mejor prueba de mi inocencia y creo de manera firme en su contenido:

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Quise también asegurarme de que la situación no se desbordara en razón de mi decisión: "Les ruego que cuando pase el cordón de la guardia nacional  se mantengan en paz. No quiero violencia". 

Soy inocente de los delitos de los que me acusan y asumí de manera franca la responsabilidad de haber convocado una protesta. Esa era y sigue siendo mi mayor fortaleza.

Para despedirme de los caraqueños les dije de todo corazón un mensaje que he repetido siempre a todos los venezolanos en todos los rincones de la patria: "Les pido que no perdamos la fe". Eso es fundamental para mantener la resistencia a este Gobierno autoritario, la fe que los venezolanos debemos tener en nosotros mismos, en nuestra inagotable capacidad para salvar los obstáculos y continuar el camino de la democracia, la libertad y el bienestar.

Al concluir, ya en compañía de Lilian, de mis padres y otros tantos líderes y activistas de distintos partidos fui hasta la barricada detrás de la que se apostaba la GNB. Allí estaba el Comandante General de la GNB, General Noguera, acompañado por el General (B) de la GNB, Benavides. Ambos insistieron en que me pusiera un casco y un chaleco antibalas —quizás buscando reforzar la especie, generada por el Gobierno, de que habría un atentado en mi contra, o para presentarme como un criminal—, obviamente tenía que negarme a hacerlo. Ellos me detuvieron formalmente y me metieron en una tanqueta de las desplegadas en el lugar. Había mucha gente, miles de personas. Pedimos apoyo y aplicamos la no violencia como estrategia. Pasaron tres horas entre un mar de gente hasta que pudimos salir en paz y sin agachar la cabeza.
           
Llegamos a La Carlota, a los minutos llegó Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional. De ese encuentro hablaré más adelante. Dio la orden de que abordáramos tres helicópteros que se dirigieron a Fuerte Tiuna. No había otra manera de salir. Todas las entradas de La Carlota estaban tomadas por la gente, por el pueblo noble de Caracas que manifestaba en contra de mi detención. Desde el helicóptero pude ver la inmensa cantidad de gente que había acudido a manifestar, cientos, miles de caraqueños en las calles aledañas.

De Fuerte Tiuna fuimos en una caravana de vehículos hasta el Palacio de Justicia.  El vehículo donde me encontraba fue conducido por Diosdado Cabello. Al llegar tuvimos que esperar pues no estaban listas las actas ni los papeles relacionados con mi caso. No podían estarlo,  todo es forjado e inventado.

Esperamos y, a las dos horas, tuvimos la audiencia donde la Jueza 16 de Control me dictó medida privativa de libertad en la cárcel militar de Ramo Verde. La audiencia no concluyó y se pautó continuarla al día siguiente.

Del Palacio de Justicia a Ramo Verde me trajo también una caravana. En la camioneta donde venía estaba Diosdado, quien la conducía, el general Noguera y el general Hernández Dalla. La caravana era de unas diez camionetas y diez motos. Llegamos a las once de la noche. Al llegar nos recibieron, en formación, la oficialidad y los soldados que tienen a su cargo la custodia del penal, unos ciento veinte hombres en total. La presidía el coronel (GN) Humberto Calles. Su saludo fue: “Chávez vive, la lucha sigue”. Un saludo político que muestra el sometimiento  de la Fuerza Armada por y a una parcialidad política partidista, en evidente violación de la Constitución. Saludo que se repite en todas las guarniciones, en cada formación y en cada oportunidad en que un militar se dirige a otro. No obstante, por lo visto durante estos meses en prisión no es compartida por la gran mayoría uniformada.

Me llevaron a la entrada y de allí al anexo. Un edificio apartado en donde solo había una celda “normal”, el resto eran las celdas de castigo o “tigritos”, como se les llama en la jerga del penal. Subimos tres pisos, el pasillo era oscuro, las paredes estaban quemadas y había mucho polvo en el piso.  Llegamos a mi celda, me entregaron una sábana, un jabón, pasta de dientes y un cepillo. “Hasta mañana. En la mañana tiene audiencia”, me dijeron a manera de buenas noches. Se cerró la puerta, una reja de hierro pesada, con refuerzo de barrotes y una plancha con un pasador grueso de cabilla donde va un candado Cisa de los más grandes que he visto. Se cerró la puerta y luego los candados de la entrada al anexo. El ruido lo percibí con un eco hondo que subió las escaleras anunciándome, o recordándome, que esta es una cárcel. Es el ruido más característico de este lugar, un sello de sonido que dice: “Estás preso”.

La audiencia de presentación debió ser en el Palacio de Justicia de Caracas, pero la decisión del régimen fue no sacarme de Ramo Verde y hacer el acto en un “tribunal móvil”, un autobús que estacionaron a las puertas de la prisión (supongo que para cumplir con la formalidad de ser juzgado fuera de un penal militar). La audiencia duró doce horas y al final, luego de escuchar los absurdos alegatos de la Fiscalía, como ya estaba decidido por Maduro y su gobierno, me dejaron preso.

Durante todo el largo tiempo de la audiencia, los fiscales no me miraron a los ojos. Al final, uno de ellos, Franklin Nieves, se acercó y me dijo: “Lo siento mucho”. Me ofreció un chocolate y unos caramelos de menta. Los recibí y me dije, este hombre sabe que lo que está haciendo está mal, pero es prisionero del sistema, de la dictadura, tanto como lo puedo ser yo. Ya vendrá el tiempo de la liberación, para él, para los militares y para todos los venezolanos.


Así fue mi llegada, mi primera noche.  Esa primera noche en la cárcel es quizás la más larga. Es un punto de transición, de cierre de una etapa y el comienzo de otra. Esas largas primeras horas, echado en la cama, viendo el techo recordaba todo lo que había pasado desde el 12 de febrero: la clandestinidad, los allanamientos, la persecución y la presentación ante la justicia injusta. Pude asimilar entonces los eventos de ese 18 de febrero que comenzó en la maleta de un carro, la gente, los tribunales, un vuelo en helicóptero, la llegada a este sitio y el cierre de la reja con ese sonido. Desde ese día, aún 18 de febrero, hasta el 23 de septiembre, siete meses, estuve encerrado en la celda, en aislamiento, con solo una hora al día de patio.